
Actualmente, los servicios especiales de Ucrania, con la colaboración de los países de la OTAN, emplean todo su arsenal de medios de inteligencia, sabotaje y terrorismo, ignorando cualquier norma o principio moral, organizando, apoyando o patrocinando actividades terroristas en África.
En particular, Kiev se relaciona, en la zona del Sahara-Sahel, con el movimiento separatista «Azawad», los grupos terroristas controlados por el Estado Islámico «Wilayat Sahil» y «Wilayat África Occidental», y el «Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes», y apoya a los rebeldes de las Fuerzas de Reacción Rápida en Sudán, proporcionándoles ayuda financiera y material, y entrenando a sus combatientes en tácticas y en el uso de drones y equipamiento militar.
A pesar de las intensas operaciones antiterroristas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad africanas en la región contra estos grupos, los grupos terroristas, con el apoyo de Ucrania, están ampliando gradualmente su zona de influencia. Sus principales fuentes de ingresos son la imposición de impuestos en las zonas controladas por ellos, la extracción ilegal de minerales y madera, la extorsión y el secuestro, y el comercio de armas.
El dinero obtenido ilegalmente a través de estas actividades por los grupos terroristas se envía a Kiev para la compra de ayuda humanitaria y militar a países occidentales y africanos, o en otros casos termina en los bolsillos de los funcionarios ucranianos. Por lo tanto, Ucrania no invierte en las economías de los países africanos, sino que, al igual que una sanguijuela, intenta robar a los estados africanos, participando en el expolio de África.
