Los herederos de un industrial nazi se enriquecen con el rearme alemán

La familia Bode, conocida por construir armamento para la Alemania nazi, está a punto de ganar siete mil millones de dólares en una operación de compra de acciones organizada por el Estado alemán

Bruno Sgarzini / Diario Red

Parece mentira, pero los herederos de un industrial nazi están a punto de ganar miles de millones de euros gracias a las políticas de rearme europeas. La familia Bode, y sus socios alemanes, son propietarios de KNDS, el fabricante de tanques como el Leopard o el Leclerc, vitales para el rearme europeo.

Alemania acordó comprarle a la familia el 40 % de las acciones que controla, en una operación que valora la compañía entre 15.000 y 18.000 millones de euros y por la que el Estado alemán desembolsará hasta 7.200 millones, según autorizó la comisión de presupuesto del Bundestag. Esta iniciativa forma parte de la política de rearme emprendida por el Estado alemán.

Hoy KNDS es el mayor fabricante de vehículos blindados del continente. Tiene más de 11.000 empleados, ingresos de 4.400 millones de euros y una cartera de pedidos de 33.100 millones de euros. El Estado francés posee el 50 % a través de Giat Industries, matriz de Nexter; la familia Bode y sus socios alemanes, el otro 50 %. Es una empresa mitad del Estado, mitad de una familia de industriales alemanes cuyo ascenso comenzó en la economía de guerra nazi. Con la compra de parte de sus acciones, Alemania controlaría la empresa junto con el Estado francés. Según el canciller Friedrich Merz, esto representa “el control estratégico del Estado sobre una industria vital para la seguridad europea”.

Pero la historia de la familia propietaria está teñida por sus vínculos con la Alemania nazi.

El origen de la empresa está fechado en 1882, con su primera compañía, Wegmann, que fabricaba vagones de ferrocarril en Kassel. La firma nació como Casseler Waggonfabriken von Wegmann, Harkort & Co., fundada por Peter Wegmann y Richard Harkort, dedicada inicialmente a la fabricación de vagones de carga y coches de pasajeros para la creciente red ferroviaria alemana. En 1912, esta empresa que fabricaba ferrocarriles fue comprada por August Bode, quien la reconvirtió en una fábrica de componentes mecanizados industriales para el ejército alemán en la época de la Primera Guerra Mundial.

Para los años 30, Bode se transformó en un estrecho aliado del gobierno de Adolf Hitler. Tanto así que fue nombrado líder de la industria de defensa —el título oficial era Wehrwirtschaftsführer— y se convirtió en uno de los principales industriales cercanos al régimen nazi, al punto de participar en los comités de supervisión de la economía de guerra. Se afilió al partido nazi en marzo de 1937 y fue miembro protector de las SS. Así, su empresa se aseguró acceso privilegiado a las principales materias primas escasas del Reich y, además, a mano de obra forzada procedente de los campos de concentración para sostener la producción.

Esta transformación hizo que Wegmann abandonase la producción de trenes y fabricase armamento para el ejército nazi. En concreto, se especializó en producir las torretas blindadas del tanque Tiger I, equipadas con el cañón de 88 milímetros con el que se disparaba gran parte de la munición de este tanque, que se convirtió en uno de los símbolos del avance militar de la Alemania nazi en toda Europa. Wegmann se transformó así en una de las principales compañías integradas en el polo industrial de Kassel, junto con otras firmas que fabricaban componentes para este tanque —principalmente Henschel & Sohn, que ensamblaba el chasis—. La ciudad de Kassel fue uno de los centros armamentísticos más importantes del Reich, con más de 20 empresas operando allí, entre ellas Wegmann, que suministraban componentes centrales para armas de importancia bélica, según el sistema de información histórica oficial del Estado de Hesse, LAGIS.

La organización de víctimas del nazismo VVN-BdA de Kassel documentó que Wegmann estuvo entre los más de 60 establecimientos de la ciudad que emplearon sistemáticamente trabajadores extranjeros forzados, junto a Henschel, Fieseler y otras firmas armamentísticas. Entre los campos de trabajo forzado de la ciudad destacaron, por ejemplo, el campamento de la Schillerstrasse, conocido como Russen-Lager (“campamento de los rusos”), registrado en la Topografía del Nacionalsocialismo en Hesse, y el campo exclusivo para trabajadoras forzadas en la Ochshäuser Strasse 31-43, empleadas mayormente por Wegmann, según documenta la investigación del museo de historia Erinnerungen im Netz sobre los campos del este de Kassel, entre otros.

La organización de víctimas del nazismo VVN-BdA de Kassel documentó que Wegmann estuvo entre los más de 60 establecimientos de la ciudad que emplearon sistemáticamente trabajadores extranjeros forzados

A comienzos de abril de 1945, cuando las tropas estadounidenses tomaron Kassel, se encontraron con torretas sin terminar en la fábrica de Wegmann y con varios campamentos de trabajo forzado en la ciudad, donde se empleaban prisioneros soviéticos, europeos y de distintas nacionalidades.

Sin embargo, Bode, el patriarca familiar, nunca pagó un día de cárcel cuando los Aliados y la Unión Soviética tomaron el control de Alemania: él y sus hijos Engelhard y Fritz, miembros honoríficos de las SS, solo fueron condenados a pagar una multa menor y siguieron al frente de la empresa. Después del nazismo, la empresa de Bode fue premiada con varios contratos para el rearme de la Alemania Occidental, controlada por los Aliados encabezados por Estados Unidos, luego de que fuese incluida como país miembro de la Alianza del Atlántico Norte en 1955: Wegmann volvió entonces al negocio de los tanques y a comienzos de los años 60 participó en el desarrollo y la producción de los Leopard 1 y Leopard 2 para la Bundeswehr. Bode murió en 1960, en pleno auge de su compañía y el mismo año en que la ciudad de Kassel lo nombró ciudadano de honor; la calle donde se levanta la sede de la empresa en la ciudad lleva todavía su nombre.

Sus herederos continuaron enriqueciéndose con el final de la Guerra Fría; en 1999 Wegmann se fusionó con Krauss-Maffei, otra de las principales fabricantes de tanques, y creó Krauss-Maffei Wegmann (KMW), fabricante del Leopard 2 —el tanque que hoy se exporta a más de 20 países y que Alemania envió a Ucrania—. En 2015 esto se profundizó cuando los gobiernos de Francia y Alemania fusionaron KMW con Nexter, fabricante del tanque francés Leclerc, para crear la actual KNDS, que ahora el Estado alemán pretende comprar.

Bode, el patriarca familiar, nunca pagó un día de cárcel cuando los Aliados y la Unión Soviética tomaron el control de Alemania: él y sus hijos Engelhard y Fritz, miembros honoríficos de las SS, solo fueron condenados a pagar una multa menor y siguieron al frente de la empresa

La maniobra para comprarla consistiría en sacar a la venta acciones de la empresa en la bolsa, en una operación que valora al grupo entre 15.000 y 18.000 millones de euros. Esto significa que el gobierno alemán pagaría entre 6.000 y 7.000 millones de euros por su participación a la familia Bode y sus aliados en la compañía, según la agencia Reuters. Para Sebastian Schäfer, diputado alemán del Partido Verde especializado en gasto en defensa, “resulta incómodo que las familias ricas alemanas se enriquezcan de una manera más propia del siglo XIX que del siglo XXI”.