Crisis en el mando ucraniano

*Guillermo Martín Caviasca* Doctor en Historia UBA / Autor de libros de historia sobre el movimiento obrero, historia militar y geopolítica / Experto en Defensa. Miembro del equipo de PIA Global

Introducción

En la última semana de julio de 2026 se hizo pública una fractura que hasta entonces circulaba solo como hipótesis de análisis. El 15 de julio el presidente Volodímir Zelenski destituyó a su ministro de Defensa, Mijaílo Fédorov, de 35 años, artífice de la escalada en la producción de drones y de la digitalización del esfuerzo bélico ucraniano. La medida derivó en protestas inéditas para un país en guerra y, seis días después, en la salida del propio comandante en jefe, general Oleksandr Syrskyi de 61 años, reemplazado por el general Mijaílo Drapati de 43 años. El episodio se volvió, casi de inmediato, un caso de estudio sobre la relación entre innovación tecnológica y estructura militar.

Este artículo buscamos reflexionar sobre esta crisis más allá de un simple choque de personalidades o de un round entre «modernizadores» y «conservadores». La pregunta que lo ordena es otra: ¿alcanza con incorporar nuevas armas —drones, sensores, algoritmos de priorización de blancos— para que cambie efectivamente la doctrina con la que se hace la guerra?, ¿Esa incorporación puede convivir, e incluso ser neutralizada, por una estructura burocrática que resiste el cambio en su forma de organizarse y no solo en su arsenal? Y, sobre ese trasfondo, ¿qué lugar le queda a la masa concreta de soldados en un ejército que todavía no logra resolver con tecnología su escasez de infantería, ni logra —pese a las reformas anunciadas— traducir la novedad del arma en una novedad doctrinal equivalente? ¿Las nuevas armas que hacen a la RAM, son suficientes para cambiar la concepción de como hacer la guerra y organizar la las FFAA como alguna vez señaló Heiz Guderian?

Una crisis que se hizo pública

Fédorov, que nunca sirvió en las fuerzas armadas, llegó al Ministerio de Defensa en enero luego de años como viceprimer ministro a cargo de la Transformación Digital. Impulsó la conectividad satelital con Starlink desde los primeros días de la invasión, empujó la escala de producción de drones FPV y de largo alcance, y llevó adelante una auditoría de las ciento veinte brigadas del ejército con el objetivo declarado de reformar la movilización, la rotación de tropas y las adquisiciones. Su salida, dispuesta junto con la de la primera ministra Yulia Svyrydenko en un recambio de gabinete más amplio, provocó manifestaciones que se sostuvieron durante varias jornadas consecutivas en Kiev, con concentraciones de varios miles de personas y réplicas de solidaridad en Leópolis, Járkov, Odesa, Dnipró y otras ciudades, además de actos en capitales europeas. El reclamo, que empezó pidiendo la restitución de Fédorov, se amplió hacia la salida de Syrskyi, a quien buena parte de los manifestantes responsabilizaba de haber bloqueado sistemáticamente las reformas del ministro.

BBC

El propio Fédorov, en una conferencia de prensa posterior a su cese, confirmó la existencia del conflicto y detalló, en un documento propio, once problemas concretos que —a su juicio— explicaban por qué la modernización tecnológica no terminaba de traducirse en eficacia de conjunto. Syrskyi, por su parte, respondió en una columna publicada en el medio militar Militarnyi: se disculpó por haber podido ofender a Fédorov, pero defendió su gestión y recordó que fue él quien impulsó, ya en 2024, la creación de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados como rama independiente de las fuerzas armadas.

El 21 de julio, tras varios días de reuniones con la cúpula militar, Zelenski destituyó también a Syrskyi y designó en su lugar a Drapati, general de 43 años con trayectoria de combate ininterrumpida desde 2014, reconocido por haber contenido el avance ruso sobre Jersón y por su rol en la defensa de Krivói Rog. Zelenski enmarcó la decisión como resultado de una serie de reuniones con la cúpula militar y explicó que, ante la imposibilidad de conciliar ambas posiciones, la salida era que una de las dos partes dejara su cargo. Un comandante superior de la fuerza aérea renunció además en señal de protesta durante ese mismo proceso, lo que evidencia que la fractura no se limitaba a dos figuras, sino que atravesaba distintos niveles de la cadena de mando.

El antecedente más próximo (la remoción del entonces comandante en jefe Valeri Zaluzhnyi en febrero de 2024, reemplazado por el propio) se resolvió puertas adentro, sin protestas callejeras ni presión pública sostenida. La crisis de julio de 2026 introduce una variable nueva: por primera vez desde el inicio de la invasión a gran escala, un recambio en la cúpula de defensa fue precedido por una movilización ciudadana explícita, lo que sugiere una politización creciente de la interna militar, con raíces en concepciones distintas de cómo construir las fuerzas armadas y en una disposición social a disputar abiertamente decisiones antes confinadas al círculo áulico presidencial, disposición probablemente relacionada con el agotamiento que produce en la sociedad la guerra de desgaste y las bajas, de las que en general se responsabiliza más Syrskyi al que se considera insensible a las mismas.

El diagnóstico de la reforma frente al aparato militar

El documento que Fédorov hizo público tras su destitución no es una queja genérica contra «el mando militar», sino un inventario puntual de fricciones organizativas. Señaló, en primer lugar, que las fuerzas armadas siguen combatiendo predominantemente a nivel táctico, con dificultades para escalar esa eficacia hacia el nivel operacional y de campaña. En segundo lugar, describió un sistema de cuerpos de ejército todavía inconcluso: unidades que desarrollaron su propia doctrina de conjunto y avanzan mes a mes sin perder territorio, junto a otras donde ni siquiera se sabe con precisión cuántas brigadas las integran o qué ocurre puertas adentro. A esto sumó la fragmentación de brigadas y batallones, trasladados de una unidad a otra sin criterio estable, lo que vuelve casi imposible construir un sistema de gestión coherente del frente.

El eje más sensible de su crítica apuntó a los criterios de asignación de recursos: según su diagnóstico, buena parte de la distribución de drones, artillería y refuerzos se resolvía de manera manual y discrecional antes que, en función de datos verificables, lo que privilegiaba a las unidades leales al mando por sobre las que efectivamente rendían cuentas. Contar con un sistema básico de provisión de drones por brigada, dijo, le demandó cuatro meses de gestión interna. A esa lentitud se sumaba, según su relato, una resistencia más sutil: la de trabar los cambios con objeciones formales (el nombre de una unidad, un formulario, una supuesta falta de necesidad) antes que con una negativa explícita. Fédorov denunció además un patrón de aislamiento hacia los mandos que obtenían resultados, y mencionó en ese contexto que el propio general Drapati (antes de ser designado comandante en jefe) había acumulado sanciones disciplinarias por su desempeño destacado.

Nada de esto permite hablar de sabotaje deliberado: es, más bien, el funcionamiento previsible de cualquier organización de gran escala que necesita mecanismos abstractos (cadenas de mando, nomenclaturas, plantillas de organización) para volver gobernable algo tan complejo como un frente de guerra, y en la que cada eslabón intermedio tiende a preservar su cuota de autonomía y de recursos frente a cualquier reforma que amenace con redistribuirlos. La novedad no reside en que exista esa fricción (común en todos los ejércitos) sino en que, por primera vez en esta guerra, ese conflicto interno se dirimiera en público, con nombre y apellido, bajo presión de la calle. La clave esta en la identificación por Fedorov de todos estos ítems como acción de resistencia al cambio por parte de una burocracia militar incapaz de comprender los nuevos tiempos, cosa que (señalamos) también es común en todos los ejércitos y burocracias.

Un episodio menor pero ilustrativo de cómo la lealtad interna puede primar sobre el mérito es el de la 47.ª Brigada Mecanizada, impulsada como unidad de referencia bajo el mando de Zaluzhnyi y que, según coinciden varias fuentes, perdió prioridad presupuestaria y de personal tras el recambio de cúpula de 2024. Que ese mismo patrón explique el trato desigual hacia otras unidades —como el regimiento de asalto Skelia, bajo investigación desde junio de 2026 por decenas de muertes no combativas entre reclutas— es apenas una hipótesis de lectura, no un hecho comprobado, y conviene tomarla con la cautela que exige toda generalización sobre motivaciones internas de una organización en guerra.

¿Cuál es la argumentación de Syrskyi?: Los riesgos de la improvisación

Syrskyi, lejos de representar un rechazo integral a la tecnología, reivindicó haber sido él quien impulsó en 2024 la creación de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados como rama independiente, y quien recomendó a Robert Brovdi (creador de la unidad de drones “Pájaros Magyar”) para conducirla. Su objeción de fondo no fue tecnológica sino de ritmo y de escala: sostuvo que no resulta posible convertir a un ejército de un millón de efectivos a una lógica centrada en drones en apenas dos meses sin poner en riesgo el territorio y las vidas bajo su mando. Fue en ese marco que afirmó que “los chips no reemplazan las bajas en las trincheras”, en referencia a que los drones pueden negar espacio y encarecer cada avance, pero no ocupan ni sostienen una posición por sí solos.

Esta distinción es importante y corrige una simplificación que tiende a leer el conflicto como “tecnología contra atraso” en lugar de leerlo, con mayor precisión, como una discusión sobre la velocidad y la subordinación de una reforma dentro de una estructura de fuego y maniobra que sigue dependiendo de infantería, artillería y masa humana. Debe sumarse un punto adicional para entender el peso real del debate: Ucrania está sumamente tensionada por el reclutamiento, y la promesa de reemplazar hombres por drones resulta tan seductora —o quizás tan necesaria— como difícil de cumplir en los plazos que exige un frente que no da tregua.

Eje Mijaílo Fédorov (ministro cesado) Oleksandr Syrskyi (comandante cesado)
Diagnóstico del problema El mando bloquea la modernización tecnológica y la reforma organizativa por lealtades antes que por mérito. La conversión acelerada a una lógica de drones pone en riesgo el frente sin garantizar sustituir la masa.
Aporte reivindicado Starlink, escalamiento de drones FPV y de largo alcance, auditoría de 120 brigadas, sistema de distribución por cuerpos. Creación de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados (2024) y designación de su mando.
Riesgo señalado por el otro Percibido como estratega sin formación castrense ni experiencia de mando. Percibido como heredero de una cultura de mando rígido y de alto costo humano.
Desenlace Destituido el 15/07; parte de su agenda es reivindicada tras la designación de Drapati. Destituido el 21/07 tras las protestas; reasignado a una función aún no precisada.

RAM: ¿doctrina nueva o arma nueva dentro del viejo desgaste?

La crisis en el mando muestra, en forma concentrada, una discusión que excede a Ucrania: la de si la Revolución en los Asuntos Militares (RAM) asociada a los sistemas no tripulados y a la guerra algorítmica altera efectivamente la forma de hacer la guerra o si, por ahora, se limita a añadir una capa tecnológica sobre una lógica doctrinal que sigue siendo la de siempre. Hay evidencia en ambos sentidos. Del lado del cambio literal, la creación de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados como cuarta rama de las fuerzas armadas, junto a tierra, mar y aire (espacio y ciberespacio) no es un gesto simbólico (Rusia realiza una experiencia en este tema con la unidad Rubikon de la que ya presentamos un análisis): implica presupuesto propio, cadena de mando propia y una disputa de recursos con los cuerpos históricos, exactamente el tipo de fricción que documentó Fédorov al describir la resistencia que encontró para imponer “un cuarto en discordia” dentro de una estructura que no quería repartir ni presupuesto ni reclutas con un competidor nuevo. La densidad de sensores sobre el frente —drones de reconocimiento, satélites comerciales— también modificó en un sentido literal el terreno táctico: redujo el margen para la maniobra a campo abierto y encareció, en vidas y en material, cualquier desplazamiento de tropas en grupos numerosos. Esto se relaciona también con la disminución notable de la densidad de tropas que cubren un 1km de frente, o la extensión a decenas de Km de la “zona de nadie”.

Pero de ahí a una doctrina nueva y consolidada hay una distancia que venimos marcando desde antes de esta crisis: los drones representan una revolución táctica en marcha, con una disrupción real del sentido común militar, pero todavía no constituyen una revolución estratégica equiparable a la irrupción de los blindados en 1939 o de las armas nucleares en 1945. El propio Instituto Español de Estudios Estratégicos sostiene que la guerra ruso-ucraniana entró en una “fase de madurez estratégica” signada por la industrialización del uso de drones, cuyo objetivo central sigue siendo, para Rusia, la degradación acumulativa de las fuerzas armadas ucranianas como institución —brigada por brigada, oficial por oficial— antes que una ruptura relámpago del frente. La tecnología no tripulada, por ahora, no sustituye la necesidad de masa de infantes humanos: aparece como una capa de apoyo dentro de una lógica de desgaste que sigue siendo, en última instancia, industrial y demográfica.

Aquí es donde el diagnóstico de Fédorov y la crisis de mando se cruzan con este problema doctrinal de fondo, y donde reside la pregunta más incómoda que deja abierta el episodio: si la propuesta de fondo de la reforma —perder drones y no soldados, reorganizar el mando por cuerpos de campaña, distribuir recursos por mérito y no por lealtad, dar autonomía e iniciativa a mandos intermedios— constituye efectivamente el esbozo de una doctrina nueva capaz de romper la lógica de desgaste, o si la resistencia burocrática documentada en su propio diagnóstico —la reasignación arbitraria de batallones, el bloqueo de proyectos simples durante meses, el castigo a los comandantes que se destacan— garantiza, en los hechos, que el arma nueva termine absorbida dentro de la misma estructura de mando que se acostumbró al desgaste como forma de operar. Dicho de otro modo: una rama de drones creada por decreto no equivale, por sí sola, a una doctrina de campaña distinta si el resto del aparato —promoción, presupuesto, información sobre el propio despliegue— sigue funcionando según los criterios de siempre. Esa tensión, más que la disputa entre dos personas, es la que verdaderamente estuvo en juego en julio de 2026, y no está resuelta con el recambio de nombres. Y señalamos aquí de nuevo los que apuntamos al principio: como dijo Guderian “nuevas armas requieren nuevas tácticas, nunca pongas vino nuevo en odres viejos”, algo que ya analizamos para el caso ruso con la unidad Rubikon

Conviene además no perder de vista la escala del problema que ninguna reforma tecnológica, por acelerada que sea, puede saltear: la escasez de infantería de reemplazo, las municiones de artillería y baterías antiaéreas,  la carrera con Rusia por la incorporación de drones y superar las contramedidas de guerra electrónica, sigue siendo el cuello de botella más inflexible de la posición ucraniana, algo que solo se resolvería con una movilización obligatoria aún más amplia, política y socialmente muy costosa. Es precisamente en ese punto donde el diagnóstico de Fédorov y el de Syrskyi, presentados públicamente como antagónicos, terminan coincidiendo en identificar el mismo problema —la escasez de tropas— aun cuando difieran radicalmente en la solución que proponen (Ferdorov quieren más tecnología Syrskyi apretar más a la población). Como ya veníamos sosteniendo desde el análisis de la operación de “cierre logístico” ruso, las nuevas armas requieren nuevas tácticas, y esas tácticas necesitan todavía a sus propios pensadores: la guerra de Ucrania, con todas las tecnologías desplegadas, sigue esperando a sus genios militares.

Hay una dimensión de periferia y centro que este episodio ilumina y que buena parte de la cobertura occidental pasó por alto. La crisis de mando ucraniana no se dirime únicamente entre Kiev y Moscú, sino también en la relación de Ucrania con sus proveedores de tecnología, financiamiento y armamento, una relación estructuralmente asimétrica en la que el país que combate no controla del todo ni el ritmo ni las condiciones de su propio esfuerzo bélico. La propia trayectoria de Fédorov (de responsable de la Transformación Digital a ministro de Defensa por apenas seis meses, con ofertas posteriores de empresas globales de tecnología de defensa) ilustra hasta qué punto la frontera entre reforma estatal y mercado privado de defensa se volvió porosa en la Ucrania en guerra. Una potencia periférica que carece de autonomía industrial propia, y cuyos proveedores externos son a la vez sus sostenedores políticos, difícilmente pueda resolver puertas adentro un debate que, en un país con base industrial y cadenas logísticas propias, probablemente no habría escalado a crisis de gabinete.

Conclusión

La crisis de mando de julio de 2026 no cierra el debate doctrinal entre atrición y RAM: lo reabre, con nombres propios y un desenlace institucional concreto. Expresa una tensión normal entre innovación y resistencia al cambio, que se agrava en medio de una guerra donde experimentar y equivocarse puede resultar irreversible. Por eso el conservadurismo de los mandos que no renuncian a sostener la masa y el poder de fuego tradicional no es, en sí mismo, ilógico; pero la adopción lenta de una innovación tecnológica acelerada también puede conducir al desastre. Debemos tener en cuenta que esta carrera de innovaciones al que las guerras modernas nos tienen acostumbrados es en el caso actual vertiginosa, el paso de meses transforma contantemente tanto herramientas como formas de enfrentarlas, el que se retrase, pierde. Ambos riesgos conviven, sin que este análisis pueda saldar cuál pesa más. Aunque no dudamos que la actual RAM ha cambiado “el rostro de la guerra”

La nueva cúpula, encabezada por un comandante de perfil híbrido que a los pocos días de asumir debió hacerse cargo personalmente de una situación de repliegue desordenado en Járkov, y actualmente enfrenta una situación crítica en Konstantinovka, deberá demostrar en las próximas semanas si es capaz de sostener simultáneamente la reforma organizativa reclamada en la calle y la conducción de un frente que, en muchos sectores, sigue exigiendo decisiones de infantería y artillería convencionales. El seguimiento de esta cuestión debería prestar menos atención a los anuncios de reforma que emanen de Kiev y más a indicadores difíciles de manipular narrativamente: la tasa real de rotación de las brigadas de primera línea, el ritmo efectivo de la movilización, la evolución de frentes como el de Donetsk y el resultado del “intercambio de golpes” logísticos en el que Ucrania cifra buena parte de sus esperanzas de debilitar la retaguardia rusa. Ninguno de esos indicadores estaba disponible al cierre de este artículo, y es allí, más que en el cambio de nombres en la cúpula, donde se sabrá si julio de 2026 fue el comienzo de una doctrina nueva, un paso más en las crisis que todo cambio implica o solo el episodio más ruidoso de una vieja resistencia al cambio.

Foto de portada: Presidencia de Ucrania (Flickr)

Fuentes consultadas:

Caviasca, Guillermo. «A dos años de guerra convencional en Ucrania». Revista Zoom, 26 de marzo de 2024.

Caviasca, Guillermo. «Guerra de Ucrania, operación “cierre logístico”». PIA Global (noticiaspia.com), 8 de junio de 2026.

Censor.NET. «Mykhailo Fedorov’s press briefing following his resignation». 16 de julio de 2026.

Clave Geopolítica “La factura del carnicero” https://www.youtube.com/live/9umOlbajy3E?si=WCZ0LYcMLCf3foYS Julio 2026.

Euromaidan Press. «Ukraine opened a criminal case over 25 non-combat deaths at its largest assault regiment». 1 de julio de 2026.

Frontelligence Insight. «Special Report: Ukraine’s Military Leadership Change. What We Know and What to Expect». Substack, julio de 2026.

Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) / CESEDEN. «La guerra ruso-ucraniana: mutación estratégica de un conflicto existencial». 2026.

Kyiv Independent. «Skelia assault regiment under investigation following report of 26 noncombat deaths, alleged abuse». 24 de junio de 2026.

Kyiv Independent. «Analysis: Why many Ukrainians feel Commander-in-Chief Syrskyi must go». 21 de julio de 2026.

LIGA.net. «Who did Fedorov want to appoint to replace Syrsky as commander-in-chief?». Julio de 2026.

MilitaryLand.net. «47th Mechanized Brigade» y «The situation in Magura Brigade is far from perfect».

Newsweek. «Zelensky’s Week From Hell Exposes Ukraine’s Struggle for Democracy» (cita a Jack Watling, RUSI). 22 de julio de 2026.

Ryan, Mick. «Sacking the Reformer: Ukraine’s Civil-Military Crisis». The Big Five (Substack), 19 de julio de 2026.

Rodríguez, Yago. Cosas Militares (transmisión en directo). Análisis sobre la crisis del mando ucraniano, la reforma de Fédorov y el caso de la 47.ª Brigada. Julio de 2026.

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Ukrainska Pravda. «Ukraine’s Syrskyi: ‘I created Unmanned Systems Forces, but you cannot switch a million-strong army to drones in two months’». 20 de julio de 2026.