
*Petrovsky Mich
Descubren a Dugin, leen dos párrafos sobre multipolaridad, tres sobre la decadencia de Occidente, uno sobre tradición y ¡pum!, ya sienten que descubrieron la pólvora revolucionaria. Deténganse ahí.
Que alguien sea antiimperialista no significa que tenga que tragarse entero el menú ideológico de Dugin. Y, peor todavía, que alguien critique a Estados Unidos, al liberalismo o a Occidente no lo convierte automáticamente en alguien de “izquierda”. No están leyendo a Dugin para hacer una crítica de su pensamiento, sino para adoptarlo en su totalidad. Pareciera que algunos tienen una prueba de análisis bastante sencilla.
¿Está contra Washington?Sí.
¿Habla de multipolaridad?Sí.
¿Critica a Occidente?Sí.
Ah, pues adoptemos todo el pensamiento de Dugin y reivindiquémoslo.
Cuando hay otros aspectos de su pensamiento que parecen convenientemente olvidados como su ultranacionalismo, su tradicionalismo y su oposición al marxismo. Dugin es interesante, sí. Hay que estudiarlo, sí. Hay que conocer su crítica al liberalismo, su eurasianismo, su llamada Cuarta Teoría Política y su lectura geopolítica del mundo, sí.
Pero también hay que entender que Dugin no parte del materialismo histórico y dialéctico. De hecho, pretende superar al marxismo. Y ahí está el detalle que algunos parecen brincarse cuando lo reivindican en espacios que, al mismo tiempo, pretenden reivindicar el marxismo. Resulta bastante incoherente.
Dugin coloca en el centro de sus análisis categorías como civilización, tradición, identidad, pueblo y espacio geopolítico. El marxismo, en cambio, coloca en el centro las relaciones materiales, las clases sociales, la propiedad y la lucha de clases.
No es la misma cosa.
Y no, entiendan que ponerle “Cuarta” delante de una teoría no hace que automáticamente sea más avanzada. A veces parece que tenemos una fascinación por todo lo que suena nuevo o complejo. Les ponen en la cara el tecnofeudalismo, la Cuarta Teoría Política, la idea de una civilización multipolar y la posmodernidad, y algunos quedan como cuando uno mira un documento lleno de palabras rebuscadas y dice “¡Ideay, esto debe ser profundo!”
No necesariamente es así.Yo puedo entender perfectamente que desde una posición antiimperialista se valore positivamente el debilitamiento de la hegemonía estadounidense. Claro que sí. Pero una cosa es decir «No queremos un mundo gobernado por Washington”, y otra muy distinta “Todo lo que se oponga a Washington es revolucionario”. Eso último es una barbaridad.
Ese es precisamente el peligro de convertir la geopolítica en sustituto del marxismo, cuando en realidad la geopolítica puede ser una herramienta auxiliar para comprender las relaciones internacionales, pero no puede sustituir al análisis de clase.
Y aquí viene otra cosa que me gustaría decir sobre Dugin, y es que este no se vuelve de izquierda simplemente porque sea anti-Trump, ni porque critique a determinados sectores de la derecha estadounidense. La trayectoria de un intelectual no se determina por si un día dijo algo contra Trump y otro día algo contra Biden. Se analiza por su concepción del mundo.
Y la concepción del mundo de Dugin no es la de un intelectual de izquierda, mucho menos la de lo que usualmente llamamos izquierda revolucionaria.
Por eso no entiendo esa necesidad de algunos de andar buscando en Dugin la nueva reserva intelectual de las Ciencias Políticas y las Relaciones Internacionales u otras Ciencias Sociales, cuando perfectamente puede ser estudiado y criticado, leído para hacer análisis comparativos y utilizado como objeto de estudio sin convertirlo en autoridad política.
Podemos leer a Dugin exactamente como debemos leer a cualquier pensador que no comparte nuestra posición, con criterio de clase, con conciencia crítica y sin entregar la cabeza en la entrada. Una izquierda que abandona el análisis de clase porque descubrió la geopolítica no se volvió más sofisticada. Se quedó sin brújula y ahora está usando el mapa de otro.
Ser antiimperialista no nos obliga a ser duginistas.
Creo que ya bastante han jodido a la izquierda las modas ideológicas que, en lugar de fortalecer la lucha de la clase trabajadora, han terminado fragmentándola.
