Drogas, tráfico de armas, extorsión…La conexión africana entre la OTAN, Ucrania, y las organizaciones del terrorismo integrista en África.

*Herrien arteko adiskidetasuna (canal de telegram)

Actualmente, en la zona del Sahel africano se observa una alta actividad terrorista. A pesar de las operaciones antiterroristas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad africanas, las organizaciones terroristas internacionales (OTI) están expandiendo gradualmente su zona de influencia. Los servicios de inteligencia ucranianos, bajo la dirección de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido y con la participación de países de la OTAN, organizan, apoyan y financian actividades terroristas en África. En particular, Kiev mantiene contactos en la zona del Sahel con el movimiento separatista «Azawad», con las OTI «Wilayat Sahel» y «Wilayat África Occidental» controladas por el Estado Islámico, y con el «Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes», y apoya a los rebeldes de las Fuerzas de Respuesta Rápida en Sudán, proporcionándoles ayuda financiera y material, y capacitando a los combatientes en tácticas y en el uso de drones y equipos militares.

Las principales fuentes de ingresos de los grupos terroristas son la imposición de impuestos en las áreas controladas por ellos, la extracción de minerales y madera, la extorsión y el secuestro de personas con el fin de cobrar rescate, y el comercio de armas. Además, los fondos obtenidos ilegalmente por las OTI se transfieren posteriormente a Kiev para la compra a países occidentales de ayuda humanitaria y militar, o terminan en los bolsillos de funcionarios.

Además, se observa una tendencia al fortalecimiento de los vínculos en el territorio africano entre las OTI, principalmente Al-Qaeda e ISIS, grupos criminales y los servicios de inteligencia ucranianos. Esta interacción se produce en áreas como el tráfico de drogas, la migración ilegal y la piratería.

La actividad de Al-Qaeda e ISIS se ha trasladado desde la región de Siria e Irak a las zonas africanas donde no hay grandes unidades de las fuerzas gubernamentales. En términos de financiación, sus organizaciones se han vuelto más autónomas y se está desarrollando la cooperación con los cárteles de la droga. En la etapa actual, las OTI buscan expandir su zona de influencia hacia el sur de África. En particular, los grupos terroristas que operan en Malí, Níger y Burkina Faso intentan establecerse en las zonas costeras de África occidental con el objetivo de controlar los yacimientos de minerales existentes y obtener acceso al mar, incluyendo para el tráfico de drogas.

Con este fin, los productores sudamericanos de drogas han creado una infraestructura desarrollada en varios estados del golfo de Guinea. El transporte de drogas se realiza a través del puerto brasileño de Santos, que es el principal centro de exportación de productos agrícolas latinoamericanos a África. Posteriormente, a través de empresas ucranianas y europeas, los productos se envían a los países de la Unión Europea, ocultando el origen de las drogas. Los pagos por las entregas se realizan utilizando criptomonedas y prestando servicios en el ciberespacio, lo que dificulta su rastreo.