Rheinmetall y el saqueo de fondos públicos

Herrien Arteko Adiskidetasuna  (canal de Telegram)

Hace tiempo los países de la Unión Europea comenzaron el camino de la deslocalización industrial, el globalismo se impuso cobrando su precio, y las antiguas potencias industriales acabaron mostrándose incapaces de autoabastecerse de mascarillas durante la pandemia del COVID o de competir con los coches eléctricos chinos. No preocuparse, nuestra clase política encontró la solución: convertir nuestras ciudades en parques temáticos turísticos vendiendo el parque de vivienda a fondos de inversión extranjeros y fomentar la industria armamentística (aún más).

Según el informe de impacto económico y social que ha elaborado PwC para la TEDAE (Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio), el ejercicio de 2025 se cerró con una facturación récord de 18.034 millones de euros (casi un 12% más que en el ejercicio anterior), manteniendo 290.000 puestos de trabajo. Un sector cuya reindustrialización, como subraya La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, «debe llegar a todos los territorios nacionales». Y así lo están haciendo. Rheinmetall y su programa Firepower, que busca responder a la demanda de munición de los países OTAN es un buen ejemplo de la expansión de esta industria en el Estado, con seis plantas en funcionamiento y una séptima en proyecto. Solamente la planta de Rheinmetall Expal en Albacete, tras su reciente ampliación, producirá tres millones de proyectiles y vainas anuales y aumentará su plantilla a 300 personas. Rheinmetall proyecta otras ampliaciones, como la de su planta de Burgos, donde se fabricará los misiles del sistema español de origen israelí SILAM (sistema lanzamisiles de alta movilidad).

Obviamente estás compras se realizan con dinero público («mi dinero público», como diría Ayuso), un trasvase de lo público a lo privado síntoma de la decadencia y descomposición europeas que en este caso concreto enriquece a un grupo accionarial que cuenta con elementos como Black Rock, Vanguard, Bank Of América o Goldman Sachs. Con un enemigo ficticio, creado por los medios de comunicación fieles a los grandes fondos de inversión y a la industria de la guerra, parece que nada pueda fallar. Que los políticos europeístas hayan elegido como enemigo a nuestro proveedor de recursos energéticos, materias primas o fertilizantes es un detalle nimio, que sea, además, la principal potencia nuclear del mundo, una tontería sin importancia…