*Herrien Arteko Adiskidetasuna (Canal de Telegram)
Hace unos años, en mi juventud, pasé una temporada en el granadino barrio de El Fargue. Poco tiempo después de llegar me convertí en testigo involuntario, y hasta cierto punto víctima, de la ruidosa actividad de la conocida como «fábrica de pólvora», una fábrica de munición propiedad, por aquel entonces, del grupo estadounidense General Dynamics, al que el gobierno de José María Aznar había vendido la empresa pública Santa Bárbara.
Los viernes, a primera hora, tenían lugar lo que yo llamaba «las pruebas«. Se trataba de explosiones más o menos intensas que en ocasiones se salían totalmente de madre, haciendo retumbar la casa hasta sus cimientos.
Han pasado veinticinco años, la fábrica es propiedad ahora del joven multimillonario checo Michal Strand y su grupo armamentístico CSG, que a través de su filial eslovaca MSM, controlan la hoy conocida como Fábrica de Municiones de Granada.
Pese a estos cambios, la costumbre de hacer explotar munición dañada o inutilizable y de realizar pruebas de calidad con material explosivo se ha mantenido. Los sustos también.
El pasado viernes, al filo de las nueve de la mañana, una fortísima explosión sobresaltaba varios municipios a lo largo de la carretera de Murcia. Además del susto, el despliegue de bomberos, TEDAX, policía y la evacuación de tres trabajadores heridos, el suceso ha tenido como consecuencia la paralización de la producción, mientras, según declaraciones del delegado de UGT en la empresa, se aclaran las razones de esta «detonación inusual que dentro de los estándares de eliminación de explosivos no se tenía que haber producido». Pocos días antes, un camión que transportaba granadas de mortero de esta misma fábrica perdía parte de su cargamento al volcar en la A-4002. Mortadelo y Filemón.
La empresa no ha aclarado la distancia a la que realiza estas actividades respecto a las viviendas del barrio. Es de suponer que cumple la normativa, aunque para este tipo de empresas la vida humana no es una prioridad, más bien lo contrario.
De hecho, el ejército ucraniano es uno de los principales clientes de la Fábrica de Municiones de Granada, que ya en 2024 había triplicado su plantilla y que en lo que llevamos de año ha aumentado en un 57% su producción respecto al año pasado, alcanzando, solo entre enero y mayo de este año, unas exportaciones de 109 millones de de euros. Definitivamente, las vidas humanas no son la prioridad de la empresa, sean estas andaluzas, ucranianas, o rusas.
